|
AGUSTÍN ROMO - Periodista y Crítico de Arte
Aurelio Rodríguez: Un concepto de la originalidad.
Tratar pictóricamente con fidelidad las cosas que nos rodean, recogiendo los mil y un detalles que cada una de ellas poseen, sin hacer pintura "fotográfica", sólo está al alcance de un observador absoluto, de un artista cuidadoso, de un creador original, de un pintor dotado de unas cualidades especiales para tan noble y vehemente deseo de huir de los caminos cómodamente transitados... La realidad de esas cosas, vistas con un encuadre estético diferente a lo normal, hace aún más difícil y complicado el empeño. Aurelio Rodríguez es un creador realista que lo consigue.
Este pintor jiennense -Génave, 1958- logra convertir en tema interesante una simple pared interior de un viejo caserón, o un trozo de madera de deshecho. Si a tan vulgar escenario le agrega una flor, fruta o pescado, o un utensilio apropiado una plancha de carbón, un candado de hierro oxidado, una tetera, un almirez o un cántaro- alcanza una obra de arte plena de originalidad y belleza. Puede estimarse, a simple vista de la obra, que hay que ser valiente para acometer semejante empresa. Pero no es así en el caso de Aurelio Rodríguez. Porque Aurelio, lejos de agarrarse a la osadía, se basa en un punto de apoyo mucho más sólido y seguro para emprender tan espinoso proyecto: su seguridad en si mismo. Esa confianza es el resultado de su concepto de la originalidad y de su oficio bien aprendido y practicado con amor, disciplina y honradez. Y de muchas horas de tarea para estudiar las luces y las sombras necesarias en cada momento para obtener el efecto deseado.
El grafito, el pastel y el óleo, mezclado en algunos casos con arena, mármol o cemento, son los elementos que necesita para que se produzca el "milagro" de cada día.
Aurelio Rodríguez, autor de retratos ciertamente espectaculares, utiliza con tanta dedicación y destreza el paisaje y la figura humana -borda el desnudo femenino- como la naturaleza viva, naturaleza muerta o dormida. La consecuencia no es el producto del tema en sí, sino de su composición plástica, de su tratamiento excepcional y de su habilidad para salvar los obstáculos que le hayan salido en cada sesión de trabajo. Al final, cualquier pieza que compone la espléndida obra de Aurelio Rodríguez tiene su marca y su identidad intransferible que le da crédito y le otorga la categoría de artista singular.
|
|