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ROSA MARTÍNEZ DE LAHIDALGA - Asociación Española e Internacional de Críticos de Arte

Buscar lo Bello en lo Real

«Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada lo suficientemente bello»
(Van Gogh, en carta a su hermano)

Cuando la palabra belleza parece haber desaparecido de nuestro lenguaje cotidiano, este pequeño fragmento extraído de la correspondencia de Van Gogh a su hermano, viene a constituir una llamada de atención. Necesitamos encontrar lo bello dentro de nosotros y en nuestro entorno. Si no lo hallamos cabe esperar que, al menos una parte del arte, nos haga percibir el encanto de lo armónico.
Aurelio Rodríguez es capaz de ver poéticamente las cosas sencillas, sean objetos cotidianos, paisajes, flores o frutos y de plasmarlos con fiel realismo. Pero tengamos presente que ver la belleza es inventarla y que en su mirada subyace lo potencia capaz de fecundar la realidad y de configurarla en peculiar visión.
Nada más misterioso que la realidad, cuando el contorno y el peso de la forma desafían las leyes de la gravedad y se sitúan en descorporeizada perspectiva, trascendidos a un espacio que el artista nos brinda ganando al instante su temporalidad. Excepcionalmente dotado para el dibujo, no lo está en menor medida para convertir lo contemplado en rigurosa realidad pictórica. Óleo o pastel, hiperreal es en su captación la calidad de la materia: hierro, vidrio, madera, flor; como delicado el color que templa delicadísimos registros. Es a través de la luz y el juego de las sombras donde Aurelio Rodríguez consigue sublimar con virtuosismo los dominios que a ambos les son propios. Hay una Escuela Española, con personalidad artística propia, que desde el siglo XVII surge con estilo inconfundible y tiene en la pintura y en la literatura sus cauces más brillantes. Esa Escuela responde a una manera de ver y entender la existencia que tiene carta de naturaleza. lo que la define prioritariamente es un naturalismo que tiende a la humanización de las cosas y, al mismo tiempo, a trascender desde lo natural a lo sobrenatural. Condición inherente a esta pintura fue su esplendor sensorial y su ensimismamiento. Ambas constantes se dieron excepcionalmente en Zurbarán, y a ellas añadió Velázquez una casi helada objetividad. Es decir, sueño y razón sostenidos por el esplendor de la luz y de las formas en ellas definidas. El realismo no ha dejado de tener vigencia en el arte español, si bien, se trata de un realismo que sin perder vertebración histórica ha evolucionado en el transcurso del tiempo. Aurelio Rodríguez se nutre de una realidad que su mirada selecciona, y desde ella inicia una escapada a lo ”sobre real". Testimonia en su pintura la fidelidad a lo objetual; recrea la simetría de las formas, combina los objetos con sencillez y los inscribe en una atmósfera impregnada de luz que hiere las formas con suavidad y firmeza, se diría que en algunos de estos cuadros las formas se entregan a un declinar en claridad y transparencia y que han sido traídas como por un soplo pictórico. A veces, su realismo vence del lado del ideal y hallamos la alegoría preciosista del cristal o la flor. El cristal bajo la forma de un sencillo jarrón o de unos tarros “de botica", no deja de ser símbolo del espíritu y del intelecto a él asociado. El Realismo como estilo constituye con demasiada frecuencia un lugar común e indiferenciado en el que se incluye toda la pintura que, fiel a la apariencia de las cosas, reproduce seres u objetos. en nuestro suelo el Realismo está en la médula de la mejor pintura hasta bien entrado el siglo y continúa estándolo bajo el pincel de unos pocos. Ello se debe a que el Realismo español tiene a su cargo la tremenda responsabilidad de revitalizar un lenguaje cargado de categoría y peso histórico que, además de entrañar elevada dificultad, exige de los mejores el extraer las partículas y conjunciones reveladoras de la inacabable fertilidad que encierra.
No dudamos de que el pintor jienense Aurelio Rodríguez, que ahora expone en Madrid, está plenamente capacitado para lograrlo.