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JUAN A. GAYO - " Crítica de Arte "
El Centro Asesa ha expuesto, recientemente, las últimas
realizaciones artísticas del pintor Aurelio Rodríguez. Se trataba de un
conjunto de pasteles, mas un óleo, que a continuación formaban parte de
una muestra de su obra en Alemania. La vía estética que ofrece su producción
es la de la figuración. La manera de conformar su pintura es a través
de un reflejo hiperrealista, de los elementos representados. Su interés
temático, partiendo en su origen del retrato, se ha abierto a un doble
planteamiento: la naturaleza muerta y la figura humana. Con todas estas
preocupaciones, más la captación precisa de la luz que modela las formas
y los volúmenes de las figuras a la que añade un velo mágico que aporta
a la imagen final unas connotaciones simbólicas que abre la composición
a una multiplicidad interpretativa, se configura una producción formal
que cualquier espectador nunca se cansa de contemplar.
Los asuntos de bodegón tratan de reflejar las calidades matéricas de los objetos representados.
La construcción de la imagen se desarrolla en horizontal o en vertical. En el primer caso, los elementos inertes se ubican encima de una mesa, cuyo lateral se coloca el plano medio de la composición haciéndola aparecer a la misma altura que los ojos del espectador, sobre los que una luz, proyectada desde uno de los laterales de la pintura, refleja el volumen y las calidades intrínsecas de las formas representadas. En el segundo caso, la naturaleza muerta se ofrece compartimentada en varios niveles con las mismas consideraciones lumínicas y volumétricas que en el anterior ejemplo. En ambas muestras, el fondo monocromo abstrae la realidad concreta del espacio donde se desarrolla la acción para concentrar la atención sobre el motivo.
Por su parte, la figura humana es tratada por Aurelio Rodríguez con unas consideraciones simbólicas particulares. Protagonista de todas estas composiciones es una figura femenina, de piel joven, mostrada desnuda, bien recostada sobre lechos de blancas sábanas rugosas o de pie en un espacio intemporal. Nota común a todas estas imágenes es la abstracción de la identidad del modelo ocultando su rostro bien con el propio pelo, que cae velando la personalidad de la figura, bien con una tela que cubre su cabeza. La luz, proyectada desde el exterior compositivo hacia el centro figurativo, no sólo contribuye a la articulación espacial de la figuración sino también a modelar los volúmenes de la' imagen y a destacar los elementos que le interesan al pintor -una flor, una gasa blanca, una tela verde, la rugosidad de unas sábanas algas-, con los que aportar una multiplicidad interpretativa final a las figuraciones.
En el único óleo de la exposición, se ofrece un grupo de hombres maduros que un parque público son mostrados en un momento preciso de conversación, reflejado en la imagen por la captación de una diversidad de actitudes que hacen comprender al espectador que en está viviendo un momento fugaz al darse cuenta de que si parpadea la figuración tendrá otra disposición, junto a ellos se introduce el elemento sorpresivo: una hoja "otoñal" que sobre la cabeza de uno de los contertulios se simula aferrada al lienzo mediante una chincheta. Condicionante que aporta una gran posibilidad de lecturas finales a un conjunto artístico que descuella por su tratamiento lumínico, por la captación de unas calidades matéricas de los elementos representados que les hacen además ser táctiles- y por la disposición de planos espaciales. Todo para conformar, en suma, una producción singular dentro de las obras maestras de la Pintura.
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